"Historia, Civilización y Progreso", de Murray Bookchin
Publicado por Álvaro en citas, reseñas el 24.12.08
Historia, Civilización y Progreso
(Esbozo para una crítica del relativismo moderno)
Murray Bookchin
(Esbozo para una crítica del relativismo moderno)
Murray Bookchin
Esta obra es, como indica su subtítulo, poco más que un esbozo. Pero un esbozo de algo muy importante. Escrito por el ¿famoso? ecologista social Murray Bookchin y publicado en la revista Green Perspectives (aunque no trata sobre ecología), encontramos en él una pregunta recurrente: ¿tiene sentido la Historia? ¿El ser humano va hacia alguna parte o tan sólo ha ido pegando tumbos sin sentido desde que salió de las cavernas? ¿Existe el Progreso, la Civilización es beneficiosa?
Bookchin está convencido, en efecto, de que existe una cierta linealidad en la Historia, y que en cada generación nos vamos acercando más y más a vivir en una sociedad en la que existan plenamente "la libertad, la conciencia de sí mismo y la cooperación" (a pesar de las regresiones temporales). Para ello ofrece ejemplos de esta tendencia lineal de la Historia (por ejemplo, la evolución similar de las civilizaciones mesopotámicas y mesocéntricas a pesar de su aislamiento), pero sobre todo se dedica a cargar las tintas contra los relativistas, postmodernistas y neoprimitivistas. ¿Alguna vez te has sentido frustrado cuando alguien te ha dicho que "todo es relativo"? A mí personalmente me han llegado a argumentar que el canibalismo no es objetivamente perverso porque algunas culturas lo practican o practicaban. Bookchin no se corta lo más mínimo al culpar a los relativistas de una cierta degradación moral e intelectual actual, y defiende a capa y espada la existencia de ciertos principios morales objetivos y racionales.
La visión de Bookchin es, pues, esperanzadora (doblemente admirable al ponerla por escrito a los 73 años), pero no utópica: cree que la Historia avanza positivamente y que tiene un objetivo (básicamente, la libertad), pero no está tan seguro de que se llegue a implementar todo su potencial alguna vez.
Bookchin está convencido, en efecto, de que existe una cierta linealidad en la Historia, y que en cada generación nos vamos acercando más y más a vivir en una sociedad en la que existan plenamente "la libertad, la conciencia de sí mismo y la cooperación" (a pesar de las regresiones temporales). Para ello ofrece ejemplos de esta tendencia lineal de la Historia (por ejemplo, la evolución similar de las civilizaciones mesopotámicas y mesocéntricas a pesar de su aislamiento), pero sobre todo se dedica a cargar las tintas contra los relativistas, postmodernistas y neoprimitivistas. ¿Alguna vez te has sentido frustrado cuando alguien te ha dicho que "todo es relativo"? A mí personalmente me han llegado a argumentar que el canibalismo no es objetivamente perverso porque algunas culturas lo practican o practicaban. Bookchin no se corta lo más mínimo al culpar a los relativistas de una cierta degradación moral e intelectual actual, y defiende a capa y espada la existencia de ciertos principios morales objetivos y racionales.
En la teoría actual, una serie de acontecimientos reemplazan a la Historia, el relativismo cultural reemplaza a la Civilización y un pesimismo básico reemplaza a una confianza en la posibilidad de Progreso. Lo que es más siniestro, la fabricación de mitos (mitopoyesis) reemplaza a la razón y la utopía pesimista al proyecto de una sociedad racional. Lo que está en juego en todos estos desplazamientos es una regresión intelectual y práctica de proporciones espantosas (un desarrollo especialmente alarmante hoy día, cuando la claridad teórica es absolutamente necesaria). Lo que nuestra época requiere es un social-análisis que exija un movimiento revolucionario y popular, y no un psico-análisis que produzca fariseos repudios para "bellas almas", ideológicamente ataviadas con un velo de virtud personal.
La visión de Bookchin es, pues, esperanzadora (doblemente admirable al ponerla por escrito a los 73 años), pero no utópica: cree que la Historia avanza positivamente y que tiene un objetivo (básicamente, la libertad), pero no está tan seguro de que se llegue a implementar todo su potencial alguna vez.
El panorama de barbarie al que hacemos frente hoy puede diferir en forma de aquel al que se enfrentaron los marxistas revolucionarios hace dos generaciones, pero no es diferente en especie. El futuro de la Civilización está todavía en la balanza y el recuerdo de visiones emancipadoras alternativas al capitalismo se está tornando más pálido con cada generación.
En la teoría actual, una serie de acontecimientos reemplazan a la Historia, el relativismo cultural reemplaza a la Civilización y un pesimismo básico reemplaza a una confianza en la posibilidad de Progreso. Lo que es más siniestro, la fabricación de mitos (mitopoyesis) reemplaza a la razón y la utopía pesimista al proyecto de una sociedad racional. Lo que está en juego en todos estos desplazamientos es una regresión intelectual y práctica de proporciones espantosas (un desarrollo especialmente alarmante hoy día, cuando la claridad teórica es absolutamente necesaria). Lo que nuestra época requiere es un social-análisis que exija un movimiento revolucionario y popular, y no un psico-análisis que produzca fariseos repudios para "bellas almas", ideológicamente ataviadas con un velo de virtud personal.