El Grito Infinito

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La ganadería es destructiva

Publicado por Álvaro en , , el 4.1.09


      Hoy me han invitado a una barbacoa. Ay, la pesadilla recurrente del vegetariano. Esta vez ha sido incluso peor porque había allí gente que no sabe que "me he vuelto vegetariano"; y de nuevo he tenido que pasar por el proceso humillante de tener que justificar mi postura como si estuviese haciendo algo malo o extremadamente freak. En fin, ya os podéis imaginar.

      Una situación que siempre se repite, matemáticamente, es la de preguntarme por qué "me he vuelto vegetariano", ya que suele resultar incomprensible. Yo contesto con evasivas, diciendo que es complicado de explicar y que involucra muchos factores (lo cual es cierto), y a continuación la otra persona da por supuesto que es porque "me dan pena los animalitos". Entonces se puede oír algo como "pero si les dan una descarga en la cabeza y ni se enteran", o "han nacido para que los maten", o "eso es que tú no has conocido el hambre, entonces no hay pena que valga". Total, que dan por hecho que mi única motivación para pasar por estos suplicios cotidianos es evitar la muerte a los animalitos; y aunque esto es una de las razones, no la cuento entre las más importantes.

      Hoy he venido a hablar de la ganadería y su impacto ecológico.

      La FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas) afirma que la ganadería es la causante de casi un quinto de las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto se debe no sólo a los célebres pedos de las vacas sino también a la intensa maquinaria contaminante que mueve tanto la industria ganadera como la agricultura que alimenta al ganado.
Si hablamos de inmediatez de acciones y la posibilidad de conseguir reducciones [a los gases] en un corto período de tiempo, [reducir el consumo de carne] es claramente la oportunidad más atractiva.

Rajendra Pachauri, ganador del Nobel de la Paz y miembro del IPCC

      Ese casi 20% de los gases que produce la ganadería es más de lo que produce el transporte, por increíble que parezca. (Aviso: De aquí en adelante traduzco extractos del anterior enlace, ya que está muy bien explicado y no es cuestión de reinventar la rueda.)

      Pero ése es sólo uno de los aspectos de la cría de animales como comida. Resulta que casi cada aspecto del gigantesco mercado internacional de la carne tiene una consecuencia medioambiental o de salud, siendo el cambio climático lo primero de la lista. Si nunca pensaste que comer carne fuera un problema medioambiental (y, por extensión, político) es hora de volver a pensarlo.

      Para comprender el impacto del ganado en el planeta hay que tener en cuenta el tamaño de la industria. Constituye el mayor uso humano de la tierra. Los pastos ocupan un increíble 26% de la superficie de la Tierra libre de hielo y agua. El área que se destina a cultivos para alimentar a los animales asciende al 33% de la tierra arable. La producción de carne es también una causa principal en la deforestación; los pastos ocupan ahora el 70% de las tierras deforestadas del Amazonas. En Brasil, del 60% al 70% de la destrucción de la selva se debe a la preparación de pastos; ésa es una de las razones de la contribución de la ganadería a la emisión de CO2.

      Además, la comida cultivada para los animales podría alimentar a la gente. La cría ganadera consume el 90% de los cultivos de soja de los EEUU, el 80% de su maíz y el 70% de su grano.
Si todo el grano que se utiliza en los EEUU para alimentar al ganado fuera consumido directamente por la gente, se podría alimentar a unos 800 millones de personas.

David Pimentel, profesor de entomología en la Universidad Cornell

      El pastoreo es en sí mismo un destructor del medio ambiente. Las Naciones Unidas informan de que el 20% de los pastos del mundo se han degradado a causa del sobrepastoreo, la compactación del suelo y la erosión. Otro subproducto de la cría de ganado es la generación de abundantes cantidades de amoniaco, que contribuye a la lluvia ácida y a la acidificación de los ecosistemas. La producción de ganado consume el 8% de las aguas del planeta; causa el 55% de la erosión del suelo y los sedimentos; usa el 37% de todos los pesticidas; directa o indirectamente resulta en el consumo del 50% de todos los antibióticos; y arroja un tercio de todo el nitrógeno y el fósforo que va a parar a nuestros suministros de agua.

      Además, el ganado está desplazando a otros animales. Mientras que tantas especies se pierden en esta aparente "sexta extinción", actualmente el ganado constituye el 20% de toda la biomasa del planeta. Dado que ocupan el 30% del planeta, desplazan a su vez a toda esa cantidad de especies salvajes. El pastoreo se considera una amenaza seria para 306 de las 825 ecoregiones identificadas por la Worlwide Fund for Nature, y para 23 de los 35 puntos claves para la biodiversidad identificados por Conservation International.

      Los pocos comentaristas que han señalado la relación entre el consumo de carne y la destrucción medioambiental han ignorado la solución más obvia: no comer carne.

Mis primeros siete meses como vegetariano

Publicado por Álvaro en , , el 9.12.08


    Hoy se cumplen mis primeros siete meses como ovolactovegetariano. Sí, ya sé que los siete meses no son una celebración típica, pero no se me ocurrió hacerlo a los seis meses y no tengo paciencia para esperar hasta cumplir un año. Por mi mente siempre había rondado el amor por los animales y la vaga simpatía por el vegetarianismo; de pequeño quería ser veterinario (hasta que me dí cuenta de que me resultan insoportable la sangre y las vísceras), y de adolescente se me cruzó por la mente un par de veces la idea de volverme vegetariano, pero fugazmente. Desde hace un par de años, esta idea se hizo más y más recurrente, más machacona. Comencé a reducir el consumo de carne progresivamente, pero sin dar el gran salto en ninguna ocasión. Necesitaba un estímulo definitivo. Y ese estímulo llegó en forma de documental. Fui a la filmoteca a verlo, solo, en una sala con pocos espectadores. Fue una experiencia absolutamente catártica, purificadora, cruel y psicológicamente peligrosa. Fue una tortura insoportable, pero salí de ahí completamente renovado. Salí convertido, literalmente, en otra persona. Alguien que había dejado atrás el mundo disociado en el que los efectos de nuestro consumo están enterrados bajo la alfombra, en el que no es visible la relación causa-efecto. Salí de ahí siendo consciente de las consecuencias de nuestros actos.

      Recordemos brevemente las razones para ser vegetariano: evitar la tortura sistemática de cientos de millones de animales enfermos y enjaulados, ahorrar recursos naturales (la ganadería es un sumidero de recursos, ya que por ejemplo para conseguir un kilo de cerdo se necesitan 3'54 kilos de maíz), ser más ecológico (por ejemplo, los pedos de las vacas contribuyen considerablemente al cambio climático, por surrealista que parezca), decrecer en el consumo y ahorrar dinero (la agricultura es más sencilla y barata que la ganadería), mejorar la salud, coherencia con mis ideales libertarios...

      ¿Ha sido fácil o ha sido difícil? Bien, desglosaré mi experiencia por puntos, que son mucho más fáciles de leer y más amenos.
  • FAMILIA. En un primer momento mis padres no me apoyaron en absoluto, creían que iba a enfermar y morir en pocos años. Esto me hubiera importado poco de no ser porque, gracias a la burbuja inmobiliaria, vivo con ellos y tengo que comer lo que mi madre cocine, al menos al mediodía. Además, al convivir con ellos, el machacamiento psicológico al que me sometieron fue considerable. Éste ha sido sin duda el mayor problema al que me he enfrentado: conseguir que comprendieran que dejar de comer carne y pescado no sólo no es malo, sino que es beneficioso para la salud si se hace sabiamente. Finalmente lo han aceptado a regañadientes, pero ha sido toda una odisea. El punto de inflexión tuvo lugar cuando les leí casi íntegro el artículo de la Wikipedia sobre nutrición vegetariana; no obstante puedo estar seguro de que en Nochebuena voy a tener que comer un poco de carne para quedar bien, bajo pena de ostracismo familiar por raro.

  • AMIGOS. A diferencia de mis padres, los amigos y conocidos no se preocuparon por mi salud sino por la pérdida del placer de comer carne. Curioso, aunque previsible. Éste tipo de presión social absurda (del tipo "¡come un poco de jamón, que está buenísimo y no es carne!") no me importa en absoluto, la he manejado mucho mejor que la familiar.

  • PLACER. No he echado de menos la carne y el pescado en absoluto. Ni lo más mínimo, por increíble y falso que pueda sonar. Por ejemplo, soy incapaz de dejar por completo los dulces, la Coca-Cola, u otros alimentos dañinos. Sin embargo, no he sentido la más mínima nostalgia por la carne; lo digo completamente en serio. Supongo que puede deberse a que gracias al cambio de dieta he descubierto nuevos platos, nuevos sabores, nuevos ingredientes. He ampliado considerablemente los límites de los anodinos platos tradicionales gracias a las páginas web de recetas vegetarianas que podéis encontrar en los enlaces del blog.

  • SALUD. No sólo no me he vuelto anémico ni me han salido ojeras, sino que me encuentro muchísimo mejor que antes. Este cambio lo he notado en las últimas semanas de forma brutal. Tengo más energía y menos pesadez en la cabeza y el estómago. He perdido peso y estoy más fuerte (esto lo noto clarísimamente al pedalear en la bici estática).

  • NUTRICIÓN. No pretendo poner ahora a dar una explicación sobre nutrición vegetariana (aquí podéis leerlo con tranquilidad), pero básicamente se resume en: si eres ovolactovegetariano, tranquilízate. Las carencias que va a tener tu dieta, de tenerlas, van a ser ínfimas, insignificantes. Simplemente tienes que procurar llevar una dieta variada y respetar la pirámide de los alimentos (aquí tenéis la versión vegetariana). Pero vamos, sin obsesionarse: el queso y los huevos te aportan todas esas míticas proteínas de las que carecen los pobres vegetarianos. En el caso de los veganos, que no consumen nada que provenga de un animal (mi próximo objetivo), hay que llevar un poco más de cuidado. Pero, de nuevo, no hay ningún problema ni hay que tomar ninguna pastilla (necesariamente).

  • DISPONIBILIDAD DE LOS ALIMENTOS. Por último, comentaré un hecho que me parece importante: soy incapaz de localizar algunos de los ingredientes que se utilizan habitualmente en las recetas vegetarianas: tofu, seitán, queso vegano, patés vegetales, harina de garbanzo... Cosas de vivir en una provincia periférica. Otro aspecto importante a destacar sobre la disponibilidad de alimentos es el próximo descenso del transporte de mercancías como consecuencia del cénit del petróleo. ¿Podrán llegar a los supermercados de mi ciudad, en los próximos años, toda la variedad de vegetales y frutas que me permiten prescindir de la carne y el pescado? Bueno, creo que lo único que se puede hacer es esperar y ver qué pasa.
      En conjunto, pues, la experiencia está siendo positiva. Próxima parada: el veganismo.