El Grito Infinito

llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones

El verdadero grito infinito

Publicado por Álvaro en el 7.6.08

Paseaba por un sendero con dos amigos. El Sol se puso. De repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio. Sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad. Mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad. Sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.

Edvard Munch, 1892


1 comentarios:

Srta. Pelo dijo... @ 12 de junio de 2008, 15:18

Edvard Munch fue todo un personaje: creo recordar que no podía ver las manos desnudas de una persona, era algo que encontraba insporotable.


Hipocondríaco, pobre, excéntrico. Sufrió mucho en su niñez y juventud.

Paradójicamente, en su vejez, fue un tipo más feliz. El contraste que existe entre sus primeras y sus últimas obras, es radical.

Una obra muy interesante, sin duda.

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